Crear una startup no es sencillo y quizá eso es lo que lo hace tan atractivo para algunos. Hay decisiones que definen tu destino como emprendedor: elegir a tu cofounder, identificar un problema relevante, diseñar la solución, encontrar clientes y establecer un precio justo. Cada una de estas decisiones conlleva una serie de ramificaciones estratégicas y ejecutables que incrementan la complejidad de construir una empresa desde cero.
Pero hay un factor que rara vez se menciona y que descubrí en el camino: el lugar en el que decides emprender. Si volviera atrás, en mi primera startup me habría mudado mucho antes de Mérida, Yucatán, a la Ciudad de México.
Si observamos las historias de startups que nos inspiran, notamos un patrón: la mayoría surgen en ecosistemas que potencian sus probabilidades de éxito. No es casualidad. Cuando te rodeas de personas con aspiraciones similares, que comparten tus desafíos y pueden ayudarte a resolverlos, tu propio crecimiento se acelera. En mi caso, mi meta es construir una empresa de tecnología global y Ciudad de México ha sido el entorno adecuado para lograrlo, en esta etapa.
Tu carrera profesional tiene más posibilidades de despegar si te sitúas en el lugar correcto. No se trata solo de acceso a capital o clientes, sino de algo más profundo: el trabajo nos da propósito, le da sentido a nuestra existencia y pasar la vida en un entorno que limita ese crecimiento es un desperdicio.
Mudarse implica un sacrificio. Dejas atrás la comodidad de lo conocido, enfrentas miedo, inseguridad, nostalgia y un gran esfuerzo económico, físico y mental. No todo el mundo puede hacerlo. Hay quienes, por circunstancias ajenas a su control, nacieron en un contexto que les pone barreras casi imposibles de superar. El lugar donde naces es, sin duda, una de las mayores suertes (o desgracias) de la vida.
Pero si tienes la posibilidad, debes considerarlo seriamente.
Establecerme en Ciudad de México me permitió recuperar mi confianza como emprendedor después de fracasar con mi primera startup. Conocí fundadores que están en la posición a la que quiero llegar, aprendí de sus experiencias y me encontré con personas que ven valor en mi trayectoria y en lo que Mario y yo estamos construyendo con Neuraan. Algunos se han sumado como mentores, otros como inversionistas, empleados o aliados estratégicos.
El resultado es que, con lo aprendido de experiencias pasadas, el apoyo de mi círculo cercano y el entorno correcto, hoy soy un mejor emprendedor. Y Neuraan se está construyendo sobre bases mucho más sólidas.
No puedes elegir dónde naces, pero puedes elegir a dónde te mudas. Y si existe una ciudad en la que tu carrera profesional tiene más probabilidades de éxito, sin importar cuál sea tu industria, deberías considerar irte. Es una de las decisiones que más impacto puede tener en tu futuro.